Paella en Aravolo, sumérgete en Valencia

¿Qué puede haber más valenciano que una paella? Eso es lo que se plantearon en la fantástica Escuela de Arroces y Paella Valenciana cuando empezaron su negocio. Porque si los turistas quieren de verdad aprender de la cultura valenciana no podían irse sin probar este plato típico. Pero lo llevaron hasta el siguiente nivel, ¿por qué en vez de sólo probarlo no lo cocinaban también? Y de ahí surgió la idea de un negocio con mucho encanto.

Aunque la verdad es que soy más especialista en comer paellas que en cocinarlas, a priori la idea de realizar un curso de paella no me resultaba especialmente atractiva, dado que como valenciano que soy no creía que me pudieran enseñar nada que no supiera. Pero poco a poco me fueron convenciendo de que una paella es algo más que carne, arroz y verduras. Es algo social, como el café. Algo que necesita de más gente para cocinarse, algo para reunir a la familia y a los amigos. Es un ritual que nuestra cultura debe mantener y expandir. Gracias a este viaje podemos ser parte de este ritual, seamos valencianos o no.

Empezamos esta experiencia yendo al Mercado Central a través de un agradable paseo entre los encantadores rincones de la zona más histórica de la ciudad. Allí compramos los productos que más tarde formarían parte de nuestra paella. Existe la posibilidad de realizar esta actividad sin la visita al mercado algunos días, pero os recomiendo encarecidamente que realicéis la visita. Si no habéis estado en este sitio os maravillará, pero si habéis estado podréis encontrar tantas cosas nuevas a través de las historias que va contando el guía durante el recorrido que creeréis no haber estado jamás. Yo, por ejemplo, descubrí que en la cúpula del edificio se erigía majestuosa una estatua de un pájaro desconocido. Pero mi sorpresa fue mayor cuando descubrí que ese pájaro era el símbolo del mercado, ya que ese pájaro no era sino una cotorra. El porqué de esto lo descubrimos más tarde en las lenguas de los dependientes de los puestos del mercado.

No lo entiendo, llevo décadas sin hablar...
No lo entiendo, llevo décadas sin hablar…

Pero aunque ejerciten mucho el músculo más flexible del cuerpo, su amabilidad es excepcional. Siempre están dispuestos a recibirte con una sonrisa y ver los productos que tienen en cada puesto es un verdadero placer para los sentidos. Todo fresco, bien cuidado, de una calidad extraordinaria…Con lo que ahí compramos era difícil que la paella no saliera bien. En todo momento nuestro guía nos iba explicando lo que comprábamos y porque lo hacíamos. Por ejemplo, supimos que el azafrán tiene dos calidades y que el de primera calidad requería un trabajo extremadamente costoso para conseguirlo. Un kilo de este azafrán, que cuesta unos 4500€, necesita de unas 185.000 flores, de las que se deben extraer las hebras una a una, desde las cinco de la mañana hasta máximo las nueve de la misma mañana. Entendí un poco más el porqué de su precio. Las explicaciones sobre cada producto son constantes y tan enriquecedoras como ese azafrán en el mejor de nuestros platos.

No soy facilona
No soy facilona

Una vez tuvimos todos los productos necesarios para cocinar nuestra paella (carne de pollo y conejo, 4 tipos de verdura, romero, azafrán, pimentón de la vera y, por supuesto, el arroz), pasamos a la parte más divertida de nuestro viaje: la cocina. Todo está perfectamente hilvanado para que nadie se quede sin comer, y que además de eso, coma una paella de una calidad suprema. Os lo digo yo, que puedo comerme una paella para 4 sin mucho esfuerzo. Mientras vamos siguiendo las indicaciones de chef Beni, vamos aprendiendo un poco más de porque la paella es el plato valenciano por excelencia. Es curioso aprender, por ejemplo, que la paella, tal y como la conocemos hoy en día, era una comida de ricos hace doscientos años, que es cuando se empezó a cocinar de la manera en la cual la cocinamos. Antes de eso, mucho más modestamente, la gente la cocinaba con lo que podían encontrar cerca del río Turia, que es donde vivían. Esto podían ser ratas, anguilas…lo que encontraran. Llamadme snob, pero prefiero la de los ricos.

Esos gorros tan favorecedores
Esos gorros tan favorecedores

Una vez hemos puesto toda la carne (y la verdura) en el asador y echamos el agua para que se funda el sabor y se genere un caldo exquisito, es la hora del almuerzo sorpresa que nos tienen preparado. Un trozo de tortilla de patatas con clotxinas valencianas y una copa de vino blanco. Una vez más, podemos apreciar el sabor típico de la cultura más local con una calidad espectacular. De vuelta a las cocinas sólo nos queda el momento álgido del plato: el arroz. Para este encuentro entre los ingredientes y el caldo con la mejor compañía que podrían tener se debe hacer algo parecido a lo que hizo Moisés: debemos abrir las aguas y volcar el arroz en el centro. Este es el pequeño truco de unos maestros de la cocina valenciana. El resultado, os lo aseguro, es espectacular. Una paella con unos matices increíbles, con una carne perfectamente cocinada, jugosa y tierna, una verdura en el punto de cocción ideal (de la cual me comí hasta los garrofones, los cuales he odiado toda mi vida) y un arroz meloso y al dente, aunque estas cualidades parezcan totalmente imposibles de conjugarse. Entre mis compañeros hicimos dos grupos diferentes para realizar dos paellas (chicos vs chicas). Si alguna vez os encontráis con una de las chicas no la creáis, la nuestra estaba más buena.

La familia reunida
La familia reunida

Una vez finalizada la comida se realiza la entrega de premios. Un diploma para cada uno de los que han realizado el curso, donde se certifica que realmente saben cocinar una paella. Asimismo se hace el obsequio de una cuchara de madera para recordar cada paso en la realización de una paella allá donde estemos, así como el gorro y el delantal que se ha utilizado en todo el proceso.

No tienen escapatoria los domingos
No tienen escapatoria los domingos

En definitiva, es una experiencia inolvidable sepas o no cocinar una paella. El ambiente que crea en todo momento el personal de la escuela es el que se respira cada domingo en casa, preparando la paella. Un ambiente familiar, divertido, acogedor y que te hace pasar un gran rato y sumergirte en la verdadera cultura local, amén de hacerlo en uno de los artes más importantes de la humanidad: el de la cocina. No lo dudéis un instante, si estáis por Valencia reservad vuestro curso. No os arrepentiréis.

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